Cómo usar el Tarot. Correlación de los signos y del color en el Tarot


Aries: Rojo suave.
Tauro: Amarillo oscuro.
Géminis: Violeta suave.
Cáncer: Verde.
Leo: Anaranjado.
Virgo: Violeta oscuro.
Libra: Amarillo suave.
Escorpión: Rojo oscuro.
Sagitario: Púrpura suave.
Capricornio: Azul oscuro.
Acuario: Azul suave.
Piscis: Púrpura oscuro.

Es de esperar que la utilización del mejor color le proporcionará la oportunidad de estimular con más armonía los centros de su mente, a los que se sumará la satisfacción de los resultados conseguidos.
Cualquier superficie plana servirá para echar las cartas, aunque los expertos en cartomancia indican, en este caso, una mesa especial o tablero del Tarot, construido con pino blanco suave. Pero eso sí, la superficie debe ser lo suficientemente grande como para acomodar todos los naipes.
De igual importancia es el medio ambiente donde se realice la lectura. Cuando un lector tiene que trabajar donde se produce una violenta discusión, por ejemplo, las vibraciones discordantes traerán consigo una condición estática no favorable, ya que desviará la atención de lo que se desea realizar.
No hay que olvidar que para prevenir tales condiciones estáticas, tanto el lector como el consultante deben dirigir vigorosamente sus pensamientos y sentimientos hacia un nivel superior, lo más alejados posible de la animalidad.
Obvio es indicar que antes y durante la lectura, el ejercicio ha de tomarse muy serio, y olvidar toda charla que pueda contener burlas o ironías divertidas sobre lo que se intenta realizar. No ha de permitirse que la atención se concentre en otras cosas más que en el trabajo que se hace.
La Ley de la Afinidad actúa sin trabas en esta vibración concentrada y ayuda tanto al lector como al consultante a mantener una atracción de pensamientos definida. Cuando se establece firmemente esta atracción de pensamientos, en los naipes que van cayendo, se encontrarán respuestas definitivas que lo asombrarán a usted y al consultante.
Por lo que respecta a la posición, la persona que efectúa la pregunta deberá sentarse en el lado opuesto al lector. No está de más indicar que debido a que las naturales corrientes magnéticas de la tierra fluyen de norte a sur. El lector ha de enfrentar el norte y el consultante el sur, pues, adoptar tales posiciones, permiten a ambos construir una relación de positivo a negativo.
Antes de tocar las cartas, el lector ha de indicar al consultante sobre la necesidad de una actitud seria, concentrada, pues las bromas y la charla superflua alejan la vibración y afectan, de algún modo, el acto de echar las cartas; de la mente de ambos ha de eliminarse todo deseo ajeno a la práctica de este sistema adivinatorio.
Indiscutiblemente, han de cambiarse ideas sobre la información que se desea, lo más concretamente posible- Debe ponerse esto en claro porque las preguntas, con frecuencia se hacen incorrectamente, sin pensar y de forma precipitada, mezclándose unas cosas con otras hasta formar en ocasiones verdaderos galimatías. Para ello nada mejor que el lector inste al consultante para que le hable de su problema o de lo que ciertamente le preocupa o desea.
Es cuando le quedará revelado un panorama de sus circunstancias pasadas que conducirán al problema actual y tal vez, a la posible solución de su porvenir, pues un conocimiento de tales condiciones del consultante ayudará al lector a la interpretación correcta de los simbolismos que vayan apareciendo en las cartas del Tarot.
Es reiterativo indicar al lector de las cartas del Tarotla importancia de instruir la mente subconsciente. El subconsciente, en razón de su ductilidad, se vuelca a toda nueva idea que se le presente.
Por tanto, su ajuste exige severo control. De modo que el subconsciente ha de impresionarse con expectativas. Es cuando se producirá el contacto requerido si se dan las órdenes con firmeza y se las apoya con el poder de la voluntad.
Nunca debemos olvidar que una aproximación sistemática permite al subconsciente saber lo que se espera de él. Esa aproximación se basa, sobre todo en la clara definición de la pregunta, en la claridad de ideas del consultante, al que no obstante, a veces se le tendrá que ayudar en tal sentido.
Tales pasos ayudan a la mente y a cualquier inteligencia psíquica que pueda estar presente a conocer exactamente cómo ha de interpretar los simbolismos.
A causa de que el subconsciente se halla constantemente bombardeado por estimulaciones múltiples, tanto físicas como mentales, la poca atención y el fantaseo destruyen o alteran en muy buen parte fácilmente el patrón de pensamiento.
Por lo tanto, la mente del lector ha de estar entrenada en el arte del pensamiento dirigido y de la emoción inductiva. Esto debe realizarse de forma tal, que la mente no se halle en sintonía con temas inoportunos a lo que se realiza.
Para controlar la dirección del pensamiento, el lector y el consultante se concentrarán en la interrogante, y ratificarán el pensamiento de que la verdad les será revelada, sin tener en cuenta cuál pueda ser el resultado que guste obtener al consultante.
Es cuando el lector alcanza las cartas del Tarot a éste y le pide que las corte, baraje y vuelva a cortar las veces que desee. De nuevo, con el mazo de cartas, el lector no debe olvidar que la mano derecha es positiva, como el Sol, y la izquierda negativa, como la Luna. De esta forma, para cristalizar el fluido magnético de la corriente positiva a la negativa, las cartas se echan en el orden en que se leerán.
El lector presenta las cartas con las caras hacia abajo, una por vez y deja aparte las cartas que de momento no utiliza. Esto previene a la mente de divagaciones sobre las otras cartas, permitiendo que el pensamiento dirigido vaya única y exclusivamente a la lectura y cabal interpretación de los símbolos que interprete, que deberán siempre ajustarse a lo que el consultante ha preguntado o desee, para evitar divagaciones inútiles.
Cuando se da vuelta a otra carta, se la considera como un suceso o influencia que sigue a la última carta leída. De esta forma se mantiene una continuidad desde el comienzo hasta el fin, en la medida en que se avanza en la lectura de una carta a otra.
El Tarot egipcio ofrece, como ninguna otra mancia, la situación adivinatoria en su mayor grado de complejidad y madurez, ya que se compone de lo siguiente:
1) Del adivino o lector, en total libertad imaginativa para seleccionar uno entre los múltiples estímulos que le brinda la lectura.
2) Del consultante en disponibilidad para orientar sus preguntas según el desarrollo de la lectura.
3) Del intermediario, el mazo de naipes, con una capacidad de sugerencias prácticamente inagotables con el barajar de las cartas y, finalmente, la falta de un código de referencias estables, como, por ejemplo, las tablas astrológicas, convirtiendo de esta suerte el Tarot en un ejercicio intelectual de primer orden.
No sólo porque requiere la mayor concentración del adivino o lector, ante la pluralidad de niveles que se ofrecen a su interpretación, sino porque a la par obliga a un diálogo inteligente, tenso y sutil, para llegar a cercar sin eufemismo la verdad, que duerme en el fondo de las generalidades.
Así es que, con el firme conocimiento de los principios básicos del cuidado y utilización de las cartas, se puede estar listo para emprender la fascinante actividad de interpretar el Tarot egipcio, siempre y cuando las listas de cartas y sus significados sean estudiadas con la mayor atención.


Fuente:
Editorial Época – El Tarot y sus Secretos, p. 83 – 88.

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