El abuso deshonesto que sufrió Veronica Ressia en TELEFE


Escribe: David Rey

La periodista Verónica Ressia asistió, como invitada, al noticiero del canal TELEFE, uno de los más vistos de Argentina, según se ha dicho. La invitaron para que cuente por qué no se inoculó contra el supuesto SARS-COV 2, todo lo cual generó no poca expectativa en “el mundo de los no vacunados” locales. Es que al fin íbamos a contar con alguien de “los nuestros” que pudiera exponer “nuestras” razones nada menos que en la pantalla “principal”. Pero la verdad es que el circo, en definitiva, se armó no para que Vero pudiera expresarse sino más bien para que los anfitriones se abocaran exclusivamente a la tarea de desmentirla, ridiculizarla y deformar todo cuanto ella haya pretendido decir. En fin, como era de imaginar.

Claro que al postre lo dejaron bien para el final, de modo que hubo que fumarse todo el noticiero, una verdadera fábrica de miedo y desolación insistentemente pagado por productos farmacéuticos y similares, según se desprende de las mismas publicidades. A Vero la sentaron como en un banquillo de los acusados dentro de un cuarto -un interrogatorio- como los que vemos en las películas policiales, donde el criminal tiene que confesar frente de un investigador al mismo tiempo que es observado detrás de una ventana. Ella, pues, tenía que convencer a su interlocutor y a tres zanguangos insípidos respecto de su decisión de no haberse inoculado. Sobre el rostro y el cabello de nuestra heroína se cernía una luz ambarina que parecía tener el propósito de opacar su sonrisa de siempre como de tornar cuestionables sus afirmaciones. Faltaba que tuviera puesto un chaleco de fuerza. La verdad es que -resumiendo- Vero se metió en la boca del lobo, claro está, y ella lo sabía mejor que nadie porque precisamente ella viene de ese mundo, lo conoce, se escapó de ahí. Aceptemos que Vero se prestó para el juego, ¿no? Ella tiene la culpa de que la hayan utilizado a ella para hacernos quedar como tarados a todos nosotros.

Vero Ressia en el interrogatorio de TELEFE.

Pero…

La verdad es que todos los días la prensa nos atosiga el entendimiento con casos de mujeres que fueron golpeadas o asesinadas por maridos, novios o amantes a los cuales ellas tendrían que haber abandonado y denunciado hace tiempo. ¿Cuántas veces hemos leído casos de mujeres que se casan con hombres que están en prisión y que, cuando estos recuperan la libertad, resulta que las terminan moliendo a golpes, violando o asesinando? Claro que lo que primero uno piensa es “la mina se la buscó”, ahora… ¿esto justifica o exonera al violador o al homicida? ¡Por supuesto que no! Con esta misma lógica inevitable -explotada hoy por los mass media– es que nos resulta altamente condenable el comportamiento de los abusadores de TELEFE, que se aprovecharon nada menos de una mujer sola en el mundo para disputarse el premio al empleado del mes en función de recortar 45 minutos de entrevista en apenas siete y utilizar todo lo dicho nada menos que EN CONTRA de la invitada.

A la periodista Verónica Ressia la “acomodaron” de entrada. Directamente ni la presentaron (al diablo con el currículo y toda la trayectoria). Es decir, la presentaron como “antivacuna”, como a la loca, la negacionista, la bruja, la equivocada, el no-ejemplo, el ser a despreciar. Antes de hablar, la mujer ya estaba desacreditada por ser “la antivacuna…”. Un hecho -lamentable, triste, antiperiodístico y, sobre todo, anticaballero- que configura un abuso en toda regla, un abuso deshonesto. Un flagrante caso de «violencia de género», claro está.

“Antivacuna”. Pues bien, ¿qué “autoriza” a los abusadores de TELEFE a insultar de semejante modo y a la vista de todo el mundo a una mujer? Inobjetablemente el desprecio que sienten por la condición de esta misma, el desprecio total e indisimulable que deforma la lente con la que observan la realidad. Lo que hicieron con Vero es equivalente a que si invitaran, por ejemplo, a alguna actriz o modelo… pero en lugar de “antivacuna” la presentan como a la “puta”, “la ignorante”, “el gato trepador”. Es como si a Barili (el conductor de TELEFE Noticias) lo presentaran como al “onanista eterno” o a Cristina Pérez (la conductora) como a la “estúpida fruncida”.

El rostro de uno de los interrogadores.…

Más…

No obstante, el abuso que sufrió Ressia -mujer- se ve agravado por una simple cuestión numérica, es decir, no solo se aprovecharon de la víctima estigmatizándola, sino que lo hicieron gracias a que ellos eran más al mismo tiempo que contaban con el respaldo tácito (supuesto) de una mayoría pavorosa en la sociedad, es decir, los que estarían “a favor” de la vacuna, ese 92% de inoculados al que hicieron mención (como si todo el país estuviera de acuerdo en aprovecharse de una mujer). Claro está que los empleados de TELEFE la abusaron en manada primero por el desprecio visceral que sienten por ella y, luego, porque Vero estaba sola, no se podía defender y ella misma los fue a “provocar” en la casa de estos.

Por si faltaba algo, los conductores del noticiero (el que, como dijimos, según lo muestran las publicidades, está bancado por las farmacéuticas, las mismas que “vacunan” a todo el mundo), tras concretar el abuso grupal, tuvieron el descaro indescriptible ya no de justificarse a ellos mismos -algo propio de violadores- sino, por colmo, de atribuirse o de autoobsequiarse nada menos que la “autoridad moral” o la “responsabilidad como comunicadores” de pretender ser los dueños de “la verdad”, de ahí la insistente desacreditación con Vero como con todo lo que ella alcanzó a decir (o que el recorte no pudo disimular). Es como si los nuevos representantes de la Santa Inquisición pensaran: “la violamos, pero fue por un bien”. Abusadores que, encima, se creen santos. Increíble (ni las feministas dieron con basuras así).

Verónica Ressia sin la edición de TELEFE.

Lo que les salió mal con la “delincuente” Ressia

Eligieron a la persona equivocada. Por lo general, esta clase de abusadores televisivos suelen llevar a personas no preparadas para el injusto “debate” en los medios, de suerte que solemos ver paneles de 20 contra uno, más o menos. Y Verónica sabía que su cometido no consistía en llevar ninguna verdad revelada (justamente al templo de la mentira) sino más bien que la cosa pasaba por hacerle un guiño a la duda, esa misma duda en torno a la vacuna que los medios no pueden disfrazar y que llevó a que -como ellos dijeron- si el 92% de la población se puso una dosis, poco más del 40 completó todo “el calendario”. ¿Qué pasó para que tanta gente no se siguiera inoculando hasta completar su propia “salvación”?

Y la verdad es que a Vero la sentaron en el banquillo de los acusados para que confiese el crimen que no cometió. Pero Vero es bicha… vieron. Los conoce, y ella fue. Nos logró unir a todos, nos tuvo expectantes… y muchos se olvidaron de las estúpidas disputas eventuales. La mina ya sabía que le iban a cambiar todo lo que dijera, sabía que iba a ser “la mala, la loca” antes de empezar… Los conoce bien y, si la llamaron, es porque en ellos había una debilidad, la duda que cada día es más por más disfraz que le pongan. Vero no cometió ningún crimen, pero Vero sí que cometió uno: el peor. No fue a llevar ninguna verdad, pero fue y se les plantó, firme: “Si me quieren, acá me tienen. No me escondo. Sí, señores, yo cometí un delito. Cometí el delito de investigar, el delito de hacerme preguntas, el delito de haber prescindido de ustedes y de animarme sola, a pulmón. Por esto me desprecian, por esto los entiendo. Confieso que cometí el delito de amar, el delito de respetar, respetarme y hacerse respetar, el delito de tener los huevos que ustedes, varones, NO TIENEN, el delito de no callarme aunque me callen, el delito de pensar y de vivir, ¡el delito de no tenerles miedo! No me vacuné por ser dueña de ninguna verdad revelada, no me vacuné para no ser parte de ninguna mentira enmascarada. ¡Confieso el delito de que no preciso convencer a nadie! ¡Sí, señores! ¡Tienen razón, yo cometí el delito! ¡El delito que más me enorgullece como mujer y el que más me eleva como persona! ¡El delito de ser libre y el delito de ser feliz!”.

Podrán los medios callar lo que se escucha y lo que se ve… Pero lo que el dice el corazón y lo que entra por el corazón, muchachos… no hay vacuna que pueda silenciar, por más abusadores que manden.

Con clic acá se puede ver el interrogatorio a Vero.

Nota Original